Balcarce ´08 – Tras las huellas de los dinosaurios

Por Miguel Ángel Sánchez

Al TC le gusta retroalimentarse de su propia historia, como esos perros que viven mordiéndose la cola.
Es parte de su folklore (hoy negocio). No está bien ni mal. Es así.
Por ello, este comentario va titulado en relación con ese aspecto bien teceísta. Y porque tiene que ver con dos referentes de la marca también.
Por eso lo de «las huellas de los dinosaurios» (*) el primero de los temas centrales de este comentario.
Y decir bien teceísta es nombrar a los ya prácticamente desaparecidos, dentro de la categoría, pilotos-preparadores. La escalada de costos que alguna vez no hace mucho, se dijo desde la dirigencia que se combatiría, llevó al círculo vicioso de necesitar cada vez más servicios de diferentes «técnicos», quedándole al piloto, únicamente, girar en las aproximadamente 50 vueltas que se dan a cada circuito cada fin de semana…
Este será el segundo tema donde centraré mi comentario. Algo que criticó duramente días atrás Rubén Salerno.
El piloto ya no es lo importante, y ahora se habla de chapistas, preparadores, jefes de equipo, toda gente muy capaz, pero que no se juegan la vida arriba del auto. Como bien señala el Tano, el cogote lo siguen poniendo ellos. Siempre será así, y por ello, está bien que peleen por lo que creen justo.
En Balcarce, entre el culebrón de la llanta de Ledesma y el de la sanción a Ortelli, quienes llenaron los micrófonos (o tal vez sea
mejor decir a quienes se los ofrecieron) no fueron precisamente los pilotos. Bueno, salvo en el caso de Ortelli, que con la inteligencia que lo caracteriza, no se prestó para el «show».

Pero hagamos entonces justicia a Salerno, ídolo del Dodge «no es que yo empecé con Dodge y quedé, yo ya era hincha de Dodge» y volvamos a hablar de los pilotos.

Empecemos entonces por el Tano que decidió seguir en este TC tan complicado, también siguiendo las huellas de un dinosaurio, como es Cocho López. Auto rojo como usaba Cocho, y la atención del equipo de Juanjo Monteagudo, que creció acompañando al gallego en el CAP. Los resultados comienzan a aparecer de a poco, sin ser descollantes, pero ayudan. A pesar de que clasifican para la final 14 autos por serie, en lugar de los 16 del año anterior, el Tano logró llegar dentro de ese lote en ambas carreras sin problemas, y avanzar bien en ambas finales.
No es mucho, pero suma y sigue. Y quien dice, nos dé una sorpresa este año…

Buenos trabajos parciales redondearon Bessone y Angelini. Anduvieron cerca en la clasificación (10 y 12), y fueron tercero y cuarto en sus series. La final no les permitió cerrar un buen fin de semana. Tito se quedó cuando marchaba entre los 10 de punta y creciendo. El Tati se vio envuelto en un toque, y debió penalizar, pero dio la vuelta completa finalizando 22°. Sabemos que el auto es bueno y vendrán mejores resultados.

Otro que anduvo de menor a mayor, fue Zanatta, 38 en clasificación, 12 en su serie, y pasando varios autos para llegar 21°. Es bueno lo suyo.

Dandlen y Catalán Magni fueron décimos en sus series y no llegaron a la bandera a cuadros por problemas en sus autos, pero siguen con el crédito abierto. Y el Poppy Larrauri parece no haber encontrado el auto, porque se quedó con las ganas de largar la final.

Hasta acá la revisión general de los nuestros en esta fecha de Balcarce. Queda hacer mención a quien se llevó muchas miradas este fin de semana, no sólo de nuestra hinchada. Lo quieren varios…

Es quien sí siguió las huellas de los dinosaurios: el zorrito de Lobería. El hijo del viejo zorro jugaba de local en Balcarce, aunque
compartía la localía con varios que anduvieron bien (Ramos, Altuna, Ledesma) y otros que no tanto (Occhionero, De Benedictis, Ciantini) entre los que notarán que nombro a tres herederos que siguen huellas y a un dinosaurio propiamente.
El Pinchito es hasta el momento, quien más nos hace soñar con el triunfo de la marca en 2008, que, si no ajusta un poco el reglamento, nos va a encontrar «hurgando por un podio» apelando a los gerundios de las ideas del sur, tan de moda en estos tiempos.
Me puse a revisar en el archivo algunas huellas y encontré este antecedente: el Pincho vino a Balcarce, en lo que fue la primera
carrera disputada en esta plaza por el TC, allá por 1984, a buscar un triunfo que lo igualara con Mouras, en aquel campeonato que los tuvo como excluyentes protagonistas a ambos. Aquella vez, estaba todo dado para que el Gaucho M.Boero fuera el ganador, pero la astucia del zorro se hizo notar, esperó su momento, y con las primeras lluvias tomó la punta de la carrera y recuperó la de aquel torneo. Y además hizo delirar a la barra grande que lo alentó siendo local.
También encontré que el viejo zorro ganó también allí su última carrera, en el año 1991, el día que el incomparable Juan Manuel Fangio cumplió 80 años. Ese día quería ganar allí a cómo diera lugar, y lo hizo sin atenuantes.
Es decir, que si miramos en detalle a la barrosa, vamos a encontrar muchas huellas…

Esta vez, quien vino por la gloria fue su hijo, y se llevó el reconocimiento de todo el parque del TC. En especial de sus rivales
directos en carrera, Silva y Martínez, quienes valoraron la carrera de Jonatan, que si bien pudo parecer apresurada, cuando intentó ir por el segundo lugar al comienzo de la prueba, vista con el diario del lunes, creo que era la mejor estrategia, si se considera que el auto no iba a poder mantener el ritmo de los Ford, y, si Silva y Martínez tenían que pelear entre ellos pero detrás suyo, el podio era seguro.

En entrenamientos y clasificación, estuvo siempre entre los de punta, aunque sin poder bajar el medio segundo que aún nos falta limar a los Dodge contra la punta, lo cual es muchísimo.
El sábado, algún vivo de los que abundan en el TC demoró la salida del segundo cuarto a clasificar, porque se venía la lluvia y no se quiso que los pilotos del mismo fueran los únicos en condiciones de bajar los tiempos del viernes.
En una sola vuelta, Jonatán demostró que los miedos de los demorones, no eran infundados… Hubo lugar también para el miedo nuestro, cuando al final del día me avisaron que el equipo «salió de raje» a Lobería a buscar algún fierro que había terminado mal…
En la serie, hizo un trabajo sólido y aprovechando el quedo de Matías Rossi, ocupó un más que interesante segundo lugar. De noveno el viernes, a séptimo el sábado, y cuarto para la final, daba para soñar en grande…
La carrera que vieron todos menos este cronista (que también estuvo siguiendo huellas y la oyó por radio, como deber ser en el TC, pero por estar de vacaciones) lo encontró ganando un puesto ante el quedo de Ledesma y cediéndolo al final ante el ataque de Martínez, un zorro moderno.

Pero me deja un sabor dulce el cuarto puesto final, por dos motivos, relacionados con cada uno de los temas centrales del comentario:
1) porque el Pinchito demostró no sólo que va muy fuerte, sino también que no corre a control remoto manejado por su padre desde boxes, que tiene condiciones y agallas para ir bien adelante. (volvemos al tema pilotos y resto del equipo). El planteo elegido sirvió de experiencia, pero también de aviso para varios.
2) ídolo se hace, no se nace. Jonatan se lo está ganando en pista, si bien el apellido ayuda, al TC le sobran apellidos ilustres, pero como se diría por allí, hay muchos «portadores de apellido». Revise los nombres y se dará cuenta. Me animo a arriesgar no menos de 20… No importa si serán mejores o no que sus antecesores. La idolatría no pasa de generación en generación y hay que ganársela. Y en la pista.
En eso anda un tal Jonatan Castellano en el TC de hoy.

(*) «Tras las huellas de los dinosaurios» es el título con el que Osvaldo Cardozo tituló en el foro de www.fandodge.com.ar, la tarea de relevamiento de los viejos semipermanentes del TC que sin prisa ni pausa estamos encarando quienes allí participamos.